Viajar con la Música: Cómo vivir el viaje al máximo.

“La vida es como una sinfonía,quien no viaja es como si sólo escuchase el primer movimiento”

Photo taken by Glocal Dreamer in Galway, Ireland 09/2014

Artist: Tarsila – Photo taken by Glocal Dreamer in Galway, Ireland 09/2014

No hace falta ser un experto en psicología de la música o en musicoterapia para intuir sus efectos positivos en nuestro día a día. Todo aquel que escucha música habitualmente se habrá dado cuenta del poder que ejerce en nuestras emociones. Habrá notado que cada estado de ánimo nos pide un tipo de música concreto, que se puede pasar de estar bolita en el sofá a estar motivadísimo saltando por el pasillo, o de estar estresado a sentirse en completa calma en menos de 30 minutos.

Hoy, sin embargo, no vengo a explicar los miles de beneficios de la música para la salud física y emocional de las personas ya que considero que hay demasiados artículos sobre el tema (si estáis interesados en la psicología de la música haced click aquí).

Este post lo escribo porque soy muy fan de combinar pasiones y me gustaría compartir los beneficios que he encontrado de la fusión entre escuchar música y viajar:

ANTES DEL VIAJE

Escuchar música antes del viaje no sólo ayuda a despertar las ganas de viajar, sino que es un fuerte motivador a la hora de organizar el viaje.

Mi recomendación es que cada uno cree su propia playlist con canciones que intensifiquen sus ganas de viajar. Pero además, recomiendo crear playlists diferentes para cada destino, con artistas autóctonos o que hable sobre los lugares que se planean visitar.

Yo por ejemplo, en mi último viaje a Islandia, creé una lista con imprescindibles islandeses como Of Monsters and Men, Sigur Rós y Björk, pero también intenté ir más allá con algunos artistas no tan internacionalmente conocidos como Pollapönk, Jonás Sig o Mugison, e incluso un poquito de música tradicional.

Sé Lest – Sigur Ros: Así suena Islandia para mí

Esto nos ayuda a trasladarnos mentalmente al destino, multiplicando nuestra curiosidad y ayudándonos a planificar el viaje con mucho más entusiasmo y ganas. También es muy positivo a la hora de crear un primer vínculo con nuestro destino. Un primer acercamiento en el que empezamos a entender rasgos de ese lugar, de su cultura, sus costumbres y su vida cotidiana.

DURANTE EL VIAJE

Sinceramente no soy muy partidaria de escuchar música durante el viaje, a menos que sea música en vivo, música callejera, la música del taxista o la música que resuena sobre un andamio mientras el pintor da pinceladas al ritmo de la canción.

Photo taken by Glocal Dreamer in Mauerpark, Berlin 09/2015

Charity Children – Photo taken by Glocal Dreamer in Mauerpark, Berlin 09/2015

Hay que aprender a escuchar al destino sin distracciones y disfrutar con sus sonidos, no sólo con sus paisajes. La mejor manera de vivir un viaje es utilizando los 5 sentidos en todo momento.

El ruido del tráfico en hora punta en la City de Londres, el silencioso concierto de las gotas golpeando el hielo en la cueva de Lofthellir, el sonido ensordecedor de las cataratas de Iguazú, una discusión de pareja en un idioma que no consigues descifrar, el viento golpeando los árboles, las olas del mar, el sonido de una tormenta desde el autobús o el tintineo de tazas, vasos y cafeteras cuando paras a descansar en algún café, son ingredientes imprescindibles para vivir al máximo tu viaje.

Los únicos momentos en los que considero aceptable ponerse los auriculares durante el viaje es en trayectos largos (excluyendo el transporte público) en autobús, o en el caso de que se haya alquilado un coche. En estos casos, ponerse la radio local puede ser una buena manera de hacer el camino más ameno.

DESPUÉS DEL VIAJE

Aunque hay estudios que apoyan la teoría de que viajar genera felicidad antes y durante, pero normalmente no después (ver Vacationers happier, but most not happier after), yo soy una firme defensora de que viajar es la clave de la felicidad a largo plazo, indispensable para el crecimiento personal y para aprender a entender y aceptar lo diferente. Por no hablar de la felicidad agridulce que nos traen los recuerdos de lo que hemos vivido y la gente que hemos conocido en el camino.

Si te gusta escribir sobre tus viajes, la música te ayudará a transportarte a los lugares que visitaste y a crear asociaciones que te ayuden a recomponer mentalmente las situaciones que viviste.

Si por el contrario, eres más de sacar fotos, una bonita manera de evitar la monotonía al ordenar, editar y compartir en tus redes las miles de fotos que sacaste, es hacerlo con música.

Como ves, aparte de nutrir tu cultura musical, hacer playlists de viaje por destinos es una buena manera de optimizar la experiencia. Especialmente antes de marchar, para ir poniéndote en situación, pero también durante los trayectos y una vez finalizado el viaje, para crear asociaciones, afianzar recuerdos y revivir momentos.

Por último, si necesitas inspiración para crear tus playlists te sugiero que le preguntes a Google qué música se escucha en X parte del mundo, y si tienes una cuenta de Spotify, puedes hacer tu búsqueda también desde ahí. Además, te sugiero realizar la búsqueda por género musical (P.ej.: Indie-rock Islandés), porque al fin y al cabo, se trata de escuchar música que nos motive ¡No crees jamás una playlist con la música popular de un lugar si no vas a ser capaz de disfrutarla!

MAÑANA ES LUNES: Algo pasa en Pamplona

A pesar de no haber tenido mucho tiempo últimamente, me apetecía mucho escribir, y que mejor que hacerlo hoy, 5 de Julio, para recordaros que mañana es lunes. Y será un lunes especial no sólo para los griegos, que han decidido ser los dueños de su propia historia, sino para todos los que estamos en Pamplona, esperando con ansia el mejor día del año que se puede vivir en la ciudad: El comienzo de los San Fermines.

 AFP PHOTO/Pedro ARMESTRE


AFP PHOTO/Pedro ARMESTRE

Normalmente un día 5 de Julio es un día normal y corriente. Cuando cae entre semana la gente va a trabajar como de costumbre, mientras que cuando cae en domingo, como este año, la gente aprovecha para descansar o hacer los planes de siempre con sus amigos o familia. Sin embargo, hay un componente común a todos los 5 de Julio, y es la tensión y la expectación. Nadie está totalmente mentalizado de que el día 6 está a la vuelta de la esquina y de que la ciudad se va a revolucionar por completo en menos de 24h. Aunque al mismo tiempo, es el tema de conversación recurrente en la boca de todos. El centro de la ciudad empieza a llenarse de extranjeros de todas partes del mundo, muchos de ellos pisando la ciudad por primera vez. Los vallados están preparados y la gente recorre las ciudad con intriga, intentando imaginar esas mismas calles al día siguiente teñidas de blanco y rojo.

Mucha gente huye de la ciudad el día 5, pero para todos los que estamos aquí es un día extraño e incluso un poco incómodo. Es extraño porque sabes que mañana va a ser un gran día, pero a su vez estás haciendo algo tan rutinario que no te sientes mentalizado al 100%. Es incómodo porque es el típico día en el que es difícil relajarse del todo, porque estás demasiado pendiente de que mañana está cada vez más cerca y no puedes quitártelo de la cabeza ni aunque quieras. Si no lo piensas tú, algún amigo sacará el tema. Si estás sólo en casa, la televisión se encargará de recordártelo. Sabes que tienes muchas cosas que hacer: Buscar tu ropa vieja, sacar del baúl de los recuerdos tu pañuelo rojo (si logró sobrevivir al año pasado), sacar todo lo prescindible de tu cartera (es decir, todo menos el dinero y algún documento identificativo), apañarte un móvil viejo, etc. Cosas que se suelen dejar para las 22:00 de la noche, que es cuando todo el nerviosismo que albergabas sale a la luz y te acuerdas de pronto de que olvidaste comprar tu botella de champagne…

Pero es un tipo de día incómodo muy apetecible. Si alguno puede viajar a Pamplona un 5 de Julio y pasear por el Casco Viejo, es algo que recomiendo, para poder vivir la emoción del día 6 al máximo y poder comparar el antes y el después de la ciudad en menos de 24h. Es un cambio radical. La expectación flota en el aire y te invaden un montón de sentimientos, que no son los tuyos, sino de todos aquellos que tienes alrededor. Son sentimientos colectivos. Da igual si eres Pamplonica como yo, un Australiano que repite año tras año, o algún peregrino del camino de Santiago que ha llegado a Pamplona casi de casualidad sin saber lo que se avecina. Todos aquellos que recorran Pamplona un 5 de Julio se verán atrapados en los mismos sentimientos involuntariamente, y sabrán que está pasando algo. Sabrán que están siendo parte de algo.

Y no es que lo diga yo, esto lo sabe hasta Dimitri!!! (No podía resistirme a ponerlo después de haberlo recibido por unas 10 conversaciones de whatsapp diferentes)

Me toca ir corriendo a por mi pañuelo, pero espero poder escribir pronto y describiros cómo es un día 6 de Julio en Pamplona, algo que sin duda merece la pena vivir al menos una vez en la vida.

Buenas noches 🙂

Érase una vez en el planeta tierra…

… una realidad que se transformaba aceleradamente.

Un mundo en el que las distancias se acortan (no en Km. sino en tiempo, naturalmente) e incluso desaparecen. Un mundo en el que las personas y culturas se conectan, mientras se experimenta un crecimiento exponencial a nivel tecnológico y de consumo. Un mundo cada vez más acelerado, complejo e impredecible.

Para hacernos a la idea de la dimensión de estos cambios, veamos algunos de los datos que aporta el vídeo Did you know:

(Para más datos curiosos sobre el uso de Internet, click aquí)

Todos estos cambios tecnológicos suponen que también la forma de vivir, relacionarse, trabajar y comunicar irá cambiando progresivamente, dando paso a un fenómeno del que se habla ya hace mucho tiempo, pero que en mi opinión, tiene cada vez más sentido: La Glocalización.

¿Qué es la Glocalización?

El término Glocalización surge de la suma de dos fenómenos opuestos: la Globalización y la Localización. Empezó a utilizarse en la década de los ochenta en referencia a las prácticas comerciales japonesas. Frente al fenómeno de la globalización, que se asociaba a la homogeneización de las diferentes sociedades y culturas a nivel mundial, surge el fenómeno de la localización, entendida como la reivindicación de las señas de identidad locales.

De esas dos tendencias surge la Glocalización. Primero empezó a aplicarse en el entorno empresarial, cuando las empresas empezaron a notar la importancia de “Pensar globalmente y actuar localmente”, es decir, de “adaptar lo global a lo local”. Por ejemplo, ¿Sabías que la Coca Cola no tiene el mismo sabor en América que en Europa? ¿Qué en Hawaii McDonalds ofrece hamburguesas con piña? ¿O incluso que la publicidad de Ikea en Europa es distinta a la publicidad utilizada en países árabes? Las grandes empresas entendieron enseguida la importancia de adaptar sus propuestas a mercados muy heterogéneos.

Desde entonces, son muchos los ámbitos desde los que se han estudiado las implicaciones de la Glocalización. No obstante, este post no pretende informar a fondo sobre la teoría vinculada a este concepto, sino que se dirige más bien a explicar a nivel personal las oportunidades que abre ver el mundo de manera glocal.

Vivir, pensar, soñar… Glocalmente

Imagen

Vivir glocalmente, para mí, significa abrir la mente y entender que formamos parte de una realidad más grande que la que compone nuestro día a día. Significa entender que somos ciudadanos del mundo, sin olvidar nuestra identidad y nuestras raíces. Todos los seres de la tierra venimos y nos vamos del mundo de la misma manera, a pesar de las diferencias existentes. No somos iguales, pero vivir glocalmente implica estar dispuestos a conocer y aceptar la diversidad y enriquecernos con ella.

Vivir, pensar y soñar glocalmente es una manera de abrirse al mundo y a las posibilidades que éste ofrece: Viajar, trabajar en el extranjero, aprender idiomas, nutrirte de otras culturas e incluso permitir a otros nutrirse de la cultura y tradiciones propias. Yo elijo vivir así, ¿y tú?