Fragmentos viajeros: Lenguaje silencioso

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​Hay ruinas que hablan un lenguaje silencioso. Susurran, a quien pueda escuchar entre las olas y el viento, que  todo lo que se construye hacia afuera puede caer. 

Some ruins speak a silent language. They whisper, to whoever who can listen beyond the waves and the wind, that anything you build outwards may eventually fall.

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Fragmentos viajeros: Como en un viaje atemporal.

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El tren ya no es un medio de transporte entre dos puntos. Ya no se trata de sentarse, enchufarse los cascos y perderse en una línea interminable de pensamientos, generalmente nostálgicos, como han sido la mayoría de mis viajes en tren. Ya no hay libros, ni cuadernos, ni viajes a la cafetería, ni conversaciones esporádicas con la señora de al lado. Ya no te sientes estático e inalterable como si la velocidad sólo existiese al otro lado del cristal.
Hubo una vez, no hace tanto tiempo, en que las ventanillas de los trenes podían abrirse a voluntad. Un tiempo en el que podías sacar la cabeza y sentir el viento revolviendo tu pelo con fuerza. En el que esquivar ramas, señales, muros y entradas a túneles empezaba como un juego y terminaba volviéndose un movimiento mecánico. Igual que el acto reflejo de cerrar la ventana a toda velocidad antes de llegar al túnel para no ahogarte en vapor. O el de rascar tus ojos frenéticamente cada vez que una esquirla de carbón, o acaso un mosquito despistado, se cuela en tu ojo. Hubo una vez trenes de vapor en los que el tiempo marchaba a otro ritmo.

Neist Point, en algún lugar cerca de Waterstein 14.30 (29/09)

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Este faro de principios del siglo XX es la clara prueba de que a veces perderse es positivo e incluso necesario para encontrar la luz. Emprender un camino entre acantilados  sin saber muy bien a dónde te llevará, pero con la certeza de que independientemente de lo que te encuentres al final, haber podido explorar ese camino habrá merecido la pena de algún u otro modo.

El otoño de Eilean Donan 10.40 (28/09)

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Con un buen desayuno escocés hemos conducido hasta el castillo del clan MacRae, el más visitado de toda Escocia. Ésta es la imagen que más nítidamente hemos podido ver en todo el día. Desde que hemos entrado a la isla de Skye, no hemos podido ver mucho más que niebla, rachas de lluvia cayendo en horizontal y muchas cabras desperdigadas. Todo lo demás lo hemos intuído, pero  en cualquier caso ha sido una aventura de lo más divertida e incluso cómica luchando contra el viento que apenas nos dejaba dar dos pasos sin tambalearnos. En Portree hemos podido entrar en calor con cerveza local y un dúo de folk escocés que te mantenía anclado a tu silla sin querer moverte ni para ir al servicio.