HOY: LA ACTITUD

“We don´t see things as they are. We see them as we are”

(No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos)

Anais Nin

Cita extraída de It’s Not How Good You Are, It’s How Good You Want to Be de Paul Arden

El cristal con que lo miras. Actitud

Con este post no intento desvelar nada que no sepamos hasta ahora. Hemos oído hablar de la actitud desde que tenemos uso de razón y conocemos hasta aburrir frases célebres que resumen la esencia de LA ACTITUD.

Con este post sólo pretendo compartir mi propia experiencia sobre el tema y dar que pensar sobre cómo cada uno de nosotros la vive.

Todos conoceréis la famosa frase “No podemos controlar lo que nos pasa, pero sí lo que hacemos con lo que nos pasa”. Pues es cierto. Nunca estaremos en condiciones de elegir lo que nos toca vivir, pero sí que podemos decidir cómo vivirlo y qué hacer con respecto a ello.

Qué es LA ACTITUD

¿Qué es la actitud?¿Se nace o se hace?¿Es una forma de pensar?¿Es una sola cosa, o hay muchos tipos de actitud?

Últimamente he estado pensando bastante sobre la actitud e incluso lo he discutido y rediscutido con una amiga durante horas y horas de café, y éstas son algunas de las preguntas que me han estado rondando la cabeza. Obviamente no he conseguido ninguna verdad absoluta (básicamente porque la verdad absoluta es un cuento chino), pero sí que he llegado a una serie de conclusiones que pueden ser útiles.

Para mí habría que dibujar una línea entre actitudes (diferentes formas de actuar en situaciones concretas) y la ACTITUD en mayúsculas, que es de lo que trata el post. Para mí ésta última es una forma de actuar en la vida, que viene determinada por actitudes concretas y condicionada por nuestra forma de pensar. Pensar en positivo nos lleva a actuar en positivo, y la ACTITUD es lo que pasa si actúas en positivo como norma general.

Es un compromiso con uno mismo. Esto significa que, aunque haya personas con mayor facilidad para desarrollarla, no se nace con ella. Porque un compromiso es una decisión, y las decisiones se toman con el tiempo y las experiencias.

Es la decisión de comprometerse a tomar las riendas de nuestra vida y cómo la vivimos. Tener actitud no implica tener el control en todo momento de cómo nos sentimos. Somos humanos, y no tenemos que sentirnos siempre felices y capaces de todo. Es más, sentirnos vulnerables hoy nos hace aprender a sentirnos fuertes mañana.

Pero la actitud es comprometernos a intentar SER NUESTRA MEJOR VERSIÓN. A aceptar que vamos a caer una y otra vez, y a levantarnos una y mil veces; sonreir, sacudirnos el polvo de los pantalones y seguir avanzando.

Esto es lo que para mí representa la actitud. Aceptarnos, aceptar lo que nos pasa, sonreir y tratar de darle la vuelta a todo hasta SER QUIEN QUEREMOS SER.

Aterrizando las ideas…

Después de teorizar abstractamente sobre el tema, es hora de aterrizar y hacerlo sencillo. Aquí dejo una serie de ideas importantes que hay que tener en cuenta:

  • La actitud de cada uno de nosotros frente a la vida determinará la actitud de la vida hacia nosotros.
  • No pierdas tiempo y recursos en conseguir que nada se tuerza. Como dice Murphy, si algo se puede torcer es posible que lo haga. Una gran mayoría de las cosas están fuera de nuestra área de influencia. Centra tus esfuerzos en entrenar tu forma de pensar, sentirte y actuar frente a los contratiempos.
  • Pensamientos positivos = Actitudes positivas = Acciones positivas = Resultados mucho mejores. (Puede que el resultado siga sin ser el que esperas, pero será mucho mejor sin duda).
  • ¿Sabes quién quieres ser? Puede que no del todo. ¿Sabes quién no quieres ser? Pues comprométete a no volver a ser esa persona.

Un ejemplo:

Llevo meses trabajando en algo que no me gusta y que sé que no es mi futuro y no va a durar mucho, pero por X y por Y cambiar ese trabajo ahora mismo no es una opción. Esas certezas me hacen empezar mi turno desmotivada y a medio gas. Cuando salgo de trabajar me siento incluso más frustrada pensando que ese trabajo sólo consigue quitarme la energía para hacer lo que realmente quiero. Esto, es no tener ACTITUD.

Ahora bien, un día me levanto y decido invertir mi energía en ir a trabajar y ser mi mejor versión. Si el trabajo me da igual, ¿por qué?

Porque la energía que inviertes en superarte, incluso en algo que te da exactamente igual, genera más energía. Y cuando hablo de energía, no me refiero a energía física exclusivamente (que me ha dicho un pajarito que esto no se entendía), sino a esa energía transformadora que te hace sentir con ganas de hacer cosas y capaz de todo. Y lo mejor es que esa energía se contagia a las personas que tienes alrededor. No sé si será algo hormonal o simplemente que se subestima el poder de una sonrisa, pero está demostrado y si no me creéis, podéis ponerlo a prueba.

Y ahora me despedido con un fragmento que parece venir de Aristóteles, llamado La Revolución del Alma.

Nadie es dueño de tu felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente de nadie.

Somos libres, no pertenecemos a nadie, y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quién quiera. La razón de tu vida eres tu mismo.

Tu paz interior es tu meta en la vida.

Cuando sientas un vacío en el alma, cuando acredites que aún te está faltando algo, aun teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.

¡Deja de situar tu felicidad cada día más distante de ti! No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy…

Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte. Tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.

¡Deja de pensar mal de ti mismo y se tu mejor amigo siempre!

Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. Entonces, habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor.

Con una sonrisa en el rostro las personas tendrán las mejores impresiones de ti, y tú estarás afirmando para ti mismo, que estas «PRÓXIMO» a ser feliz.

Trabaja, trabaja mucho a tu favor, deja de esperar la felicidad sin esfuerzos.

Deja de exigir de las personas aquello que ni para ti has conquistado aun. Criticar menos, trabajar más y, no te olvides nunca de agradecer.

Agradece todo lo que está en tu vida en cada momento, inclusive el dolor.

Nuestra comprensión del Universo aún es muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida.

LA GRANDEZA NO CONSISTE EN RECIBIR HONORES, SINO EN MERECERLOS.”

Glocal Dreamer Actitud

¡Buenas noches! 😉

Camino. Destino: Mundo.

Llega un momento en la vida de todo ser humano en el que te detienes y te das cuenta de que has llegado al final del camino por el que caminabas casi por inercia sin ser consciente de estar avanzando.

Es entonces cuando te vuelves observando cómo el camino que dejas atrás va desdibujándose poco a poco, y por más que quieras aferrarte a él y correr en busca de todo lo que dejaste atrás, no puedes. Te preguntas cómo es posible que ayer tuvieras todo el camino por andar y hoy, ahora, has llegado al final.

Mirar hacia atrás te llena de nostalgia. Mirar hacia adelante te da miedo. Por eso es mejor mirar alrededor. Porque es así como descubres que no estás solo, que aquellas personas que han dejado huella en ti, están contigo de alguna manera. Entonces comprendes que cualquiera de los caminos que sigas a partir de este momento estará lleno de sorpresas, reencuentros y nuevas personas que harán de tu viaje algo único.

al costado del camino

Érase una vez en el planeta tierra…

… una realidad que se transformaba aceleradamente.

Un mundo en el que las distancias se acortan (no en Km. sino en tiempo, naturalmente) e incluso desaparecen. Un mundo en el que las personas y culturas se conectan, mientras se experimenta un crecimiento exponencial a nivel tecnológico y de consumo. Un mundo cada vez más acelerado, complejo e impredecible.

Para hacernos a la idea de la dimensión de estos cambios, veamos algunos de los datos que aporta el vídeo Did you know:

(Para más datos curiosos sobre el uso de Internet, click aquí)

Todos estos cambios tecnológicos suponen que también la forma de vivir, relacionarse, trabajar y comunicar irá cambiando progresivamente, dando paso a un fenómeno del que se habla ya hace mucho tiempo, pero que en mi opinión, tiene cada vez más sentido: La Glocalización.

¿Qué es la Glocalización?

El término Glocalización surge de la suma de dos fenómenos opuestos: la Globalización y la Localización. Empezó a utilizarse en la década de los ochenta en referencia a las prácticas comerciales japonesas. Frente al fenómeno de la globalización, que se asociaba a la homogeneización de las diferentes sociedades y culturas a nivel mundial, surge el fenómeno de la localización, entendida como la reivindicación de las señas de identidad locales.

De esas dos tendencias surge la Glocalización. Primero empezó a aplicarse en el entorno empresarial, cuando las empresas empezaron a notar la importancia de “Pensar globalmente y actuar localmente”, es decir, de “adaptar lo global a lo local”. Por ejemplo, ¿Sabías que la Coca Cola no tiene el mismo sabor en América que en Europa? ¿Qué en Hawaii McDonalds ofrece hamburguesas con piña? ¿O incluso que la publicidad de Ikea en Europa es distinta a la publicidad utilizada en países árabes? Las grandes empresas entendieron enseguida la importancia de adaptar sus propuestas a mercados muy heterogéneos.

Desde entonces, son muchos los ámbitos desde los que se han estudiado las implicaciones de la Glocalización. No obstante, este post no pretende informar a fondo sobre la teoría vinculada a este concepto, sino que se dirige más bien a explicar a nivel personal las oportunidades que abre ver el mundo de manera glocal.

Vivir, pensar, soñar… Glocalmente

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Vivir glocalmente, para mí, significa abrir la mente y entender que formamos parte de una realidad más grande que la que compone nuestro día a día. Significa entender que somos ciudadanos del mundo, sin olvidar nuestra identidad y nuestras raíces. Todos los seres de la tierra venimos y nos vamos del mundo de la misma manera, a pesar de las diferencias existentes. No somos iguales, pero vivir glocalmente implica estar dispuestos a conocer y aceptar la diversidad y enriquecernos con ella.

Vivir, pensar y soñar glocalmente es una manera de abrirse al mundo y a las posibilidades que éste ofrece: Viajar, trabajar en el extranjero, aprender idiomas, nutrirte de otras culturas e incluso permitir a otros nutrirse de la cultura y tradiciones propias. Yo elijo vivir así, ¿y tú?

 

 

MULTIPLE CHOICE

“- Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir  de aquí?

– Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar —dijo el Gato.

– No me importa mucho el sitio… —dijo Alicia.

– Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes —dijo el Gato.

– … siempre que llegue a alguna parte —añadió Alicia como explicación.

– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte —aseguró el Gato—, si caminas lo suficiente! “

                                                            Lewis Carroll – Alicia en el País de las Maravillas

Camino Glocal Dreamer

Al igual que Alicia, muchos de nosotros nos hemos encontrado al final de un camino mirando al horizonte y sin saber muy bien qué camino tomar a partir de ahí. Lo mismo sucede cuando llegas a un cruce de caminos y quedas ahí en medio, pensando: “¿Debería seguir mi camino? ¿Tal vez debería probar este otro?”.

Últimamente no paro de escuchar (sobre todo aplicado al ámbito empresarial/profesional) lo importantísimo que es tener una meta, saber siempre qué objetivo se persigue para asegurarnos de tomar las decisiones que nos lleven hasta lo que queremos conseguir. Ciertamente, tener clarísimo en todo momento lo que se quiere lograr es una buena forma para evitar equivocarse o desviarse demasiado del camino que nos lleve a conseguirlo.

Sin embargo, en un mundo como el de hoy en el que las opciones son infinitas no siempre es fácil fijarse una meta o tener absolutamente claro a dónde se quiere llegar. Pero tengo una buena noticia: INCERTIDUMBRE ≠FRACASO.

La vida está llena de interrogantes; cuando por fin creemos tener todas las respuestas y reaccionamos, surgen nuevas preguntas, nuevas metas, nuevos caminos. Todo cambia a lo largo del camino, incluidos nosotros mismos y lo que perseguimos.

Las grandes decisiones nos aterrorizan porque la presión de equivocarse es mayor, como también lo es el sentimiento de perderse algo escojas lo que escojas. Lo que no entendemos es que muchas veces son las decisiones más simples las que marcan el rumbo de nuestra vida casi sin darnos cuenta. Como aquellas dos personas que decidieron coger un autobús diferente al habitual, llegando a conocerse de manera totalmente aleatoria y gracias a las cuáles nací y escribo hoy. Ellos, sin saberlo, aquel día en aquel autobús, tomaron sin siquiera ser conscientes de ello un camino que marcaría sus vidas, y las de muchas otras personas.

Por eso mismo, si no tienes muy claro a dónde quieres llegar cualquiera de los caminos puede servir. Como el tiempo no va a esperar a que lo averigües, si no sabes a dónde quieres ir déjate llevar y camina sin miedo.

Los cruces asustan. Asusta ir y asusta volver. Las preguntas asustan y también lo hacen muchas respuestas. Pero que no te asuste echar a andar sin saber muy bien a dónde te llevará el camino, porque siempre llegarás a algún sitio si andas lo suficiente.

EL MOMENTO PERFECTO

“Si permaneces esperando el momento ideal, nunca saldrás de dónde estás. Es preciso un poco de LOCURA para dar el próximo paso”

Paulo Coelho – Manual del Guerrero de la Luz

No puedo ni contar las veces que me he encontrado a mí misma buscando el momento perfecto para hacer algo. Pintar mi casa, dejar de fumar, visitar a esos amigos que están lejos, decirle a alguien lo que siento, apuntarme a baile…

Al principio, cuando descubrí la frecuencia con la que dejaba en lista de espera las cosas que quería o tenía que hacer con el argumento de que aún no era el momento, me preocupé bastante. ¿Por qué siempre hago lo mismo? ¿Será algún tipo de enfermedad no diagnosticada? Y, si así fuera, ¿existirá alguna medicina?

Tras una serie de preguntas y teorías cada vez más descabelladas decidí que era el momento de investigar el asunto, así que empecé a fijarme en mi entorno. Cuando por fin comprendí que todos buscamos el momento perfecto, me sentí profundamente aliviada.

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Por X o por Y, todas las personas que conozco posponen algo en algún momento excusándose tras ese bien conocido “este no es el momento adecuado”. Entonces me planteé, ¿tiene sentido buscar la perfección de algo tan efímero como el tiempo? ¿Alguien siquiera se cree que pueda existir el momento perfecto? ¿Qué esconde esa frase en realidad?

La respuesta a esa última pregunta para mí se resume en dos posibles razones: Miedo o Pereza. La mayoría de gente solemos tener miedo a las situaciones que se escapan a nuestro control, y muchas de las cosas que queremos hacer implican cierto grado de incertidumbre. También solemos tener miedo a equivocarnos, lo que nos lleva a buscar neuróticamente el momento en el que todos los factores estén a nuestro favor y disminuir así las posibilidades de error.

En cuanto a la pereza, aunque pueda parecer algo inofensivo, no hay nada más peligroso para uno mismo que el acomodamiento. Cuando te acostumbras a una forma de vida cómoda y tranquila, cada vez te será más difícil hacer cierto tipo de cosas, sobre todo las que requieren cierto grado de esfuerzo por tu parte.

Por eso mismo animo a todos aquellos que, como yo, estén esperando el momento perfecto para algo, a que dejen de esperar y actúen. Cualquiera puede ser tu “MOMENTO PERFECTO”.

Especialmente escrito para Itziar, arquitecta de momentos perfectos 🙂