Fragmentos viajeros: Primeros últimos rayos

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Era nuestro tercer día en la isla, pero éste sería nuestro primer atardecer. Ya estábamos enamorados de la isla, pero poder verla así, sin lluvia y con esta luz, nos dejó sin palabras. Poco a poco toda la gente que andaba por allí fue acercándose a la orilla del lago, como hipnotizados, a ver el espectáculo en silencio.

It was our first day in Iceland, but this was going to be our first sunset. Although we were already in love with the island, watchig it under that light, without any rain, left us completely speechless. Little by little all the people in the surroundings came close to the lake shore, as hypnotozed, to stare at the great show in silence

Fragmentos viajeros: Escape

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Islandia es lo más parecido a una isla desierta que he encontrado por ahora. De no ser por casas como estas cada ciertos kilómetros, podrías sentir que en la isla sólo estáis las ovejas y tu. Escenario perfecto para cuando te aburres de la sociedad.

Iceland is the most similar place I know to a desert island. If it wasn’t for a single house like this sitting alone every here and there, you could actually feel as if you were alone. Definitely the place to be in those days when you want to escape from society.

Fragmentos viajeros: Tu horizonte, el mío.

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Photo of me taken by @kaioberri

Podemos mirar en la misma dirección, a la misma hora y desde el mismo sitio. Aún así tengo la certeza de que nunca vamos a ver el mismo horizonte. Probablemente tu lo vas a ver más cerca que yo, o a lo mejor más lejos. Quizás el tuyo  es alargado y azul, o incluso tenga un amanecer, aunque probablemente sea un atardecer, porque no te gusta madrugar. Tal vez a ti te apetecería más ver mi horizonte, o incluso verlo conmigo. Igual tu no sientes el impulso de echar a correr hasta alcanzarlo, pero yo, yo estoy dispuesta a redibujar con mis pisadas todos los meridianos y todos los paralelos del mapa, sin prisa pero sin pausa.

Domingueando: Todo trata de perspectiva

Todo trata de perspectiva. Nada es demasiado grande ni demasiado pequeño. Demasiado bueno, demasiado malo, demasiado bonito, demasiado feo, demasiado aburrido, demasiado increíble, ni demasiado de nada.

Hablo de mirar las cosas desde diferentes ángulos, porque entre el blanco y el negro hay un gran espectro de colores que no se deberían pasar por alto. Hablo de relativizar y no darle a nada ni a nadie mayor ni menor valor de lo que tiene.

Islandia es un lugar perfecto para poner las cosas, o a uno mismo, en perspectiva.

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Ahí estás, lavándote los dientes por la mañana pensando en lo que vas a hacer con ese día, lo que no hiciste ayer, lo que te gustaría hacer mañana. De repente ves una montaña, esta montaña, y todo lo demás desaparece. Primero empiezas poniéndote a ti mismo en tu lugar y asumiendo lo pequeño que eres y lo insignificantes que son tus preocupaciones de cuando te lavas los dientes a la mañana.

Después pones en perspectiva todo lo que conoces hasta el momento, y decides que probablemente esa es la montaña más bonita que has pisado, con el verde más intenso que has visto.

Pocas horas más tarde…

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Esta otra montaña, que puede que no sea tan verde pero que sigue siendo sin duda más grande que el mayor de tus problemas te hace poner en perspectiva a la anterior. Y a ti mismo, y a todo lo que conoces.

Pero esa misma noche…

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Un cielo más grande y de un verde más intenso que ninguno de los verdes que conoces aparece para volver a trastocar tu concepto de las cosas.

Entonces empiezas a pillarlo (o igual no), pero todo trata de perspectiva. De desde dónde estás viendo las cosas, de con qué las comparas. Entonces blanco o negro no existe, ni tampoco existe la verdad. Sólo mi verdad, la tuya y la del de más allá.